Seguidores

sábado, 12 de mayo de 2012

Por si mañana no estoy. Prólogo y Primer Capítulo.

¡Buenas! Como me alegra hacer esta entrada... Después de mucho tiempo sin publicar nada, ni relatos, ni historias, ni micro-relatos, etc... Hoy les traigo el prólogo y primer capítulo de una historia que actualizare todos los VIERNES, así no se me hace nada difícil... Entonces cada viernes subiré un capítulo :D ¿Qué les parece?

Ya había escrito antes de esta pareja y es que me encanta sinceramente... Espero de verdad que les guste, bueno, si no no gusta pues que se le hace XD Pero para eso tienen que comentar y decirme que les parece, Okay? :D


Por si mañana no estoy

Prólogo

Un paso, dos pasos, tres pasos…

—¡Vamos que puedes llegar! —Se animó ella misma en apenas un susurro, los dientes le titiritaban por el frío y las cuadras se hacían más largas de lo que en realidad eran.

Otro paso, un poquito más… Tan solo esta cuadra… —Pensó.

Dos minutos después y ya estaba frente a la puerta del edificio, que era bastante conocido ya para ella, pasaba mucho tiempo ahí, más que en su propio apartamento.

Cuando estuvo dentro del cobijo de las paredes y de la calefacción del lugar se sintió aliviada, presentía que si hubiera caminado otro poquito más se le caerían los dedos de las manos por lo congelados que estaban. El invierno apenas entraba pero como era común en Londres, el frío era insoportable, siendo invierno o no, aún era muy frío para su gusto.

Subió las escaleras de dos en dos hasta que llegó al tercer piso, lo único malo del acogedor edificio era la ausencia de un ascensor, pero estaba tan acostumbrada a subir y bajar esas escaleras que el ejercicio lo consideraba rutina.

Una vez en el pasillo camino tranquilamente hasta la puerta que tenía grabada un número 5, sonrío al ver las pequeñas marcas de lápiz que tenía la puerta, esas marcas eran obras de ella y de su impaciencia cuando él no corría a abrirle. Poco después de que llegaran a la conclusión de que ella terminaría acabando la puerta obtuvo su propia llave del departamento que ahora sacudía lentamente hasta que la introdujo y…

Entonces recordó.

Su mente se lleno de múltiples preguntas e inseguridades… La noche pasada había sido un completo desastre… No, desastre era quedarse corto. Había sido probablemente la noche más terrible de sus vidas y ella lo había olvidado fácilmente.

Pero, estaba allí dispuesta a arreglar todo, esa era la razón por la que había decidido dejar su apartamento y dirigirse allí en cuanto despertó.

No tocó la puerta, terminó de girar la llave y entró.

—¿Alec? —Preguntó en voz baja atravesando la pequeña sala con muebles rojos y una mesita de noche sobre la cual reposaban unos cuantos libros y revistas.

Caminó directamente hasta su habitación y se detuvo un momento a pensar si debía o no tocar la puerta, terminó decidiendo por no tocar, él no se enojaría por esa estupidez, o quizás si… Pero ya era demasiado tarde, estaba dentro.

La habitación estaba vacía.

—¿ALEC? —Llamó más fuerte pero no obtuvo una respuesta más sonora que el ruido de los coches afuera en la calle.

Era extraño que no estuviera allí, cuando dejo la fiesta de la universidad estaba segura de que el se había montado en su coche… Pero…

—¡Qué estúpida! ¡Seguro cogió para otro lado! —Dijo.

Alec había salido cabreado de la fiesta, y ella no supo más de él porque estaba muy ocupada intento mantenerse en pie y luego sobrevivir a la resaca. Curiosamente se acercó hasta una libreta que estaba sobre la cama de Alec, no la había visto nunca antes… Era una libreta de solapas gruesas y de color azul que tenía escrito sobre la portada “Por si mañana no estoy”.

De repente se escuchó el pomo de la puerta, pero no era la puerta del cuarto si no la del departamento. Apresuró el paso hasta la sala aún con la libreta en mano cuando vio algo que la dejo completamente devastada y que la hizo imaginarse las peores cosas que pudiera ser capaz de imaginar.

La madre de Alec, la señora Marie estaba llorando desconsoladamente mientras atravesaba la estancia, los ojos los tenía hinchado y la ropa arrugada…

La señora Marie cuando llego hasta ella la abrazo instantáneamente y empezó a llorar más fuerte, si eso era posible en ese momento.

—Viviana… —Empezó la madre de Alec, pero Viviana no la escuchaba, estaba estática, se estaba asfixiando lentamente en el miedo.

—¿Qué le pasó? —Preguntó en apenas un murmuro. Cuando vio a su madre llorando el que le había pasado algo estaba más que claro.

—Tuvo un accidente anoche, intenté comunicarme temprano contigo pero no atendías el teléfono y, está en el hospital… Pero esta en coma… Está mal —Soltó entre llanto.

¿Cuánto había pasado desde que había salido de su casa? ¿Una hora?

En esa hora que ella caminaba y padecía por el frío, su mejor amigo estaba muriendo… Y todas las horas desde que… Él se había subido al coche, cabreado con ella…

Viviana maldijo haber desconectado los teléfonos, haberlo dejado ir sin hablar antes con él en la fiesta, maldijo ser la culpable de que le hubiera pasado algo así.

Unas silenciosas lágrimas empezaron a rodar por su mejilla, muy ajenas a las gruesas lágrimas de la madre de Alec y fue en ese instante, cuando se debatía entre que hubiera pasado si no se hubieran peleado esa noche, en el que notó que aún tenía la libreta en sus manos, y leyó nuevamente el titulo sintiendo su corazón apretado…

Por si mañana no estoy…

—¿Qué? —Preguntó Marie desconcertada, pero Viviana no le prestaba atención, ella estaba pasando las hojas de la libreta desesperadamente para darse cuenta de que el contenido eran notas, con fechas y fotos de referencia, y que por todos lados estaba la letra de su mejor amigo.

Por si maña no estoy —Repitió— Por si mañana no esta…

Ahora sus lágrimas no eran solo silenciosas, si no que también ardían. Era un diario… Por si él mañana no estaba.

Capítulo I

El trayecto al hospital fue bastante silencioso, ninguna de las dos mujeres dentro del auto pronunciaban ninguna palabra, cada una sumida en el conflicto interior que eran sus mentes en ese instante. Viviana aún permanecía en shock, le era imposible creer que algo tan espantoso como eso hubiera ocurrido y por sobretodo, se sentía arduamente culpable. La Señora Marie se ahogaba en los pensamientos que toda madre tendría de estar en esa situación, no más que pequeñas cosas absurdas y grandes preocupaciones acerca del riesgo que corría la vida de su hijo, que ahora estaba prácticamente silenciada por el estado de coma.

—Es la habitación número 20 —le indicó la Señora Marie a Viviana una vez estando en el pasillo de las hospitalizaciones—. Yo iré al consultorio del Doctor, me pidió que pasara cuando estuviera de regreso.

—Ok —respondió cortadamente Viviana. Observó como la madre de Alec se alejaba en dirección contraria, entonces comenzó a avanzar en el pasillo. Esta vez no estaba contando sus pasos si no las puertas de las habitaciones.

¿Cómo pudo cambiar todo? ¿Por qué un accidente ahora?

Nadie podía decirle a Viviana que ella no era culpable, porque si lo era. La función de un mejor amigo era apoyar al otro, pero ella iba por el mundo dándole razones al suyo para enojarse con ella y que, a consecuencia de esto, ocurrieran desastres, desastres que se pudieron haber evitado.

El aspecto del hospital no le agradaba para nada, todo era demasiado blanco y enfermizamente higiénico, en las pequeñas salas de estar que se encontraban entre algunas habitaciones cada cierto espacio sólo se veían personas demacradas… Marcadas por el cansancio, otras simplemente impacientes.

Viviana no quería estar ahí por diversas razones, la principal porque no le agradaban para nada esos lugares… Pero la más importante era porque nunca en su vida hubiera deseado que el motivo de que estuviera ahí fuera Alec, nunca lo hubiera deseado. Su mente trabaja bastante rápido, una parte de ella, su conciencia, le restregaba en la cara todo lo sucedido, y la otra se martillaba con preguntas que probablemente fueran vacías y nunca respondidas, y solo una pequeña parte, muy en el fondo y lejos de las otras dos, pensaba solamente en Alec en su mejor amigo, en el chico de linda sonrisa y ojos verdes, el que le aguantaba toda su hiperactividad e impaciencias, con el que pasaba horas y horas sin aburrirse, al que le podía contar todo sin avergonzarse de nada… Solo esa pequeña parte, la que pensaba en él, estaba totalmente destrozada, creando grietas que se adueñaban de los recuerdos, solo esa pequeña parte podía comprender como se sentía ella, su alma, su corazón, sus sentimientos, no su mente.

Habitación Nº 20 –Leyó en voz baja.

Abrió la puerta lentamente, esta vez sabía que si lo encontraría pero temía cómo. Viviana prefería mil veces temerle a su reacción, a su enojo, que temer por verlo muy débil.

En la camilla estaba un cuerpo irreconocible, no físicamente puesto que no estaba muy magullado y sus facciones podían ser observadas; cabello castaño, nariz perfilada, pómulos resaltantes, labios rellenos… Pero era irreconocible porque su rostro estaba vacío, demacrado. Estaba dormido, pero no tenía ese aspecto somnoliento, parecía estar en una paz que nadie podía ser capaz de romper, pero seguía estando vacío, en ese momento era un completo extraño.

Y a Viviana le partía el corazón verlo así.

Ella sentía una opresión en el corazón que la dejaba sin aire, que se iba extendiendo por sus pulmones haciéndole difícil el trabajo de respirar y que finalmente se hospedaba en su estómago revolviéndolo de una manera inimaginable.

La habitación era blanca, como todo el hospital. La camilla estaba rodeada de aparatos que se mantenían sujeto al cuerpo de Alec y un pequeño sofá azul ocupaba la parte más alejada de la cama junto a una mesita donde reposaba una jarra de agua y dos vasos desechables.

Una vez junto a la cama, Viviana colocó suavemente su mano sobre la de él, temiendo lastimarle y sintió el tacto helado.

Por reflejo le invadieron unas ganas incontrolables de transmitirle calor, de que con ese pequeño gesto el en su profundo sueño pudiera saber que ella estaba ahí con él.

De un segundo a otro pensó algo de lo que no se había percatado en todo el camino: ¿Y si él no quería que estuviese allí? ¿Y si la odiaba y ya no quería ser su mejor amigo? ¿Y si no la quería tener más… cerca de él?

El dolor de esas preguntas sumado al de su conmoción en ese instante fueron los causantes de que empezara a llorar silenciosamente, para ella. Sintiendo las lágrimas saladas rozar sus labios y el frío tacto de la mano de Alec volvió a encontrarse con que estaba totalmente desorientada y que precisamente en esos momentos no encontraba más solución que llorar.

El mundo parecía haberse vuelto repentinamente demasiado malo como para que quisiera amarlo y demasiado chiquito para que pudiera importarle. Solo veía esos párpados cerrados, con esas extensas pestañas negras adornándolos, algunos rasguños en la cara y solo sentía su mano derecha sobre la de Alec, entonces se percató que en su mano izquierda aun llevaba la libreta que no había soltado desde que estaba en el apartamento.

Una multitud de escalofríos la recorrió cuando recordó el título de dicha libreta, ¿Por qué diablos tenía que llamarse así? La curiosidad no era algo que experimentaba en ese preciso momento, pero si sentía incertidumbre y odio solamente hacia el título porque, Viviana no podía imaginarse si mañana él ya no estaba.

La puerta se abrió lentamente y entró la señora Marie, aún con los ojos hinchados.

—Van a realizarle algunos exámenes mañana, puesto que hoy es domingo y algunos especialistas no están trabajando —El dolor que penetraba la anteriormente dulce voz de la madre de su amigo era desgarrador—, la hemorragia interna que tuvo fue bastante… Atroz. Según el Doctor.

Marie se vino en llanto de nuevo y Viviana a regañadientes soltó la mano de Alec y abrazó a su madre de nuevo, conteniendo sus propias lágrimas.

—Todo estará bien, ya verás que todo estará bien —le murmuró Viviana, con un nudo en la garganta y deseando poder creerse sus propias palabras.

—Hay que pedirle mucho a Dios —respondió alejándose hasta que pudo mirar a la chica a la cara—, aún faltan unas cosas por hacer y yo tengo que solucionarlas. Marcos llegará dentro de unas horas, ya salió al aeropuerto.

Dicho esto Marie abandonó la habitación. Así que Marcos, el padre de Alec ya estaba en camino.

Viviana conocía a toda su familia, desde sus abuelos y hermano, hasta todos y cada uno de sus primos y tíos. La familia de Alec era su familia, y su familia era la de Alec.

Sacó el celular y sin ganas de hablar por teléfono escribió un mensaje de texto a su mamá:

“Alec está en el hospital, está muy mal, tuvo un accidente anoche. No te llamo ahora porque en este momento no quiero hablar. Te quiero”.

Guardó el pequeño aparato y se sentó en el sofá azul retirado de la cama, puso la libreta sobre su regazo, no quería ni mirarla, pero la impaciencia fue más grande —como siempre— que su enojo con el título de ella y abrió la cubierta, empezando a leer la primera página escrita.

Carraspeo y releyó el primer párrafo sin creer lo que estaba ahí:

“Esto definitivamente es algo extraño y negativo, y la razón por la que lo hago es verdaderamente patética, pero de repente quiero que sepas muchas cosas que no te he dicho, por si mañana no estoy y nunca podré decirlas —Viviana hizo una pausa, tragado ruidosamente y continúo:

Esto es para ti, Viviana, porque tengo la leve (grande) sospecha de que serás tú la primera que lo veas y, si no lo eres, por favor entrégale esto a ella y, si, es que solamente lo encontraste por equivocación sólo devuélvelo a su sitio, no me comentes nada porque me enojaría, esto es solo por sí, es posible que mañana no este.

No eres la única que está completamente loca por aquí —Sonrió al leer la frase—, pero mi locura tiene nombre y razón y pues solo quiero mostrarte eso. Te llevaré un poco al pasado así que… ¿Disfrútalo?

Te quiero, tu mejor amigo

Viviana no entendió todo lo que había leído, lo intentaban pero algunas partes le parecían absurdas y más a lo último cuando Alec subrayó “tu mejor amigo” ¿Qué significaba eso?

Levantó la vista, comprobó que seguía inmóvil… Ella había encontrado la libreta por equivocación, pero él estaba lamentablemente en esa situación, eso significaba que si podía ojearlo.

—¿Me llevaras al pasado? —le preguntó en un susurro, pasando la página, quedando paralizada por las emociones entrecruzadas que azotaron su cuerpo—, cómo has podido recordar esto, Alec —murmuró.

Luego leyó el nombre del primer capítulo, vio rápidamente la foto al lado de él e inevitablemente sonrió.

------------------------
Próxima entrega: Viernes 18-05-12

Besos y Abrazos,
P.D: No olviden comentar.

Susan.

4 comentarios:

Gise dijo...

¡Hola Susan! ¿cómo estás? Me encanto el prólogo, y el primer capitulo de tu nueva historia. Has sabido transmitir demasiado bien el dolor, y el aturdimiento de Viviana, realmente he quedado fascinada.
El amigo me parece una persona muy tierna, y protectora. Y hasta me hiciste pensar que haría yo si uno de mis amigos me faltara... y es atemorizante :(.

Esperare el próximo capitulo *-*. Me gusta muchísimo tu manera de narrar.
Cuídate muchísimo, y adiós.

P/D: Yo también he comenzado una novela hace poco se llama "Luciérnagas" :).

Blueberry (Susan Valecillo) dijo...

Oh, Gisela! Muchas gracias!! Pues ahora mismo me paso a tu blog a leer!

Besos!

Li dijo...

Hola, esta es la primera vez que me paso por tu blog, he llegado a él por la página de "El club de las escritoras" (al que me he unido recientemente), y déjame decirte que me ha gustado mucho. He comenzado a leer tu historia y me ha encantado, ha sido un excelente inicio, me parece que escribes muy bien y has logrado atraparme desde las primeras líneas. Ya te sigo, así que estaré atenta a la historia de Viviana y Alec. Saludos y nos seguimos leyendo!!!
P. D. Me paso a la de ya a los siguientes capítulos :D

Blueberry (Susan Valecillo) dijo...

¡Muchas gracias por pasarte, Li! Lástima que llevo ya tres viernes sin actualizar :( pero cuando lo haga promete algo grande! JAJAJA!

Un besito! y Gracias de nuevo por tu comentario.