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martes, 17 de mayo de 2011

Relato: ~Accidente Irreversible~ Para la Antología de El Club de Las Escritras


Relato ~Accidente Irreversible~

Llegaba a mi casa después de una tarde completamente mágica. Las cosas dentro de mi hogar estaban un poco extrañas y mi padre se encontraba en su oficina hablando con una persona, mi madre estaba nerviosa y se alteraba por cualquier cosa. Cuando le pregunte qué pasaba no obtuve más que un: Nada, sube a tu habitación. Intente obedecer pero mi curiosidad fue más fuerte y me quede al final de las escaleras escuchando la conversación…

- Ya es hora de que venga con nosotros. Agradezco su recibimiento y el inmenso favor que nos ah hecho, pronto hablaremos con ella. Estoy segura de que lo entenderá – Hablo el extraño.

- Esta bien – respondió mi padre con nostalgia – y, con respecto al chico ¿qué hacemos? – Preguntó con inseguridad

- Manténgala alejada de el, es peligroso para ella si están juntos – respondió – Me asegurare después que ella no lo vuelva a ver –

*
*
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Reaccione unos segundos más tarde… Esa “ella” de la que estaban hablando ¿Era yo? Y del que me tenían que alejar era… (¿?)

Subí a mi habitación y me tumbe en la cama, pero estaba demasiado inquieta como para poder dormir, luego de varios intentos fallidos para conciliar el sueño me levante, y salí de la habitación. Las luces estaban apagadas y con mucha delicadeza baje las escaleras. Todo sucumbía en un pacifico silencio, gire el pomo de la puerta principal con cuidado, cerré la puerta a mis espalda cuando estaba fuera de la casa. Coloque el abrigo que cogí al salir sobre mis hombros.

Camine por la solitaria calle, solo dos cuadras y podía llegar a su casa. No pasaban de las dos de la madrugada, era peligroso que una joven andará por las calles del vecindario a altas horas de la madrugada, pero necesitaba contarle lo que había escuchado al llegar de mi casa, esto no me gustaba para nada.

Pasaron diez minutos desde que estaba enfrente de su casa, ¿Cómo despertarlo sin que se asustara? No podía utilizar el timbre, ahí no lo asustaría solo a él sino que también a sus padres y eso no podría ser nada bueno.


Camine alrededor de la casa hasta que di con la ventana de su habitación, tome mi celular y le envíe un texto rogando que no tuviera apagado su teléfono. Dos Minutos después se encendió la luz de su habitación y se vio la sombra de alguien acercándose a la ventana, el viento azotó mi cara y un escalofrío me recorrió. La ventana se abrió lentamente, pero el rostro que se asomo por ella no era el que esperaba.

Un hombre como de cincuenta años me miraba con odio, intente moverme pero no podía, mis músculos no reaccionaban y mi respiración ya se estaba volviendo superficial, trate de apartarme y esconderme o regresar a mi casa pero estaba paralizada, no tenía control sobre mi cuerpo.

El hombre perdió su mirada a mis espaldas y un gruñido salió de su boca. Yo quería escapar, irme de ahí, no tenía idea de que estaba a mis espaldas pero tenía miedo, el temor se apodero de mí y algo extraño paso…

El viento soplo más fuerte, llevándose con el mi abrigo que estaba sobre mis hombros, una especie de remolino me envolvió y mi cuerpo temblaba del frío que este producía, la ventana donde estaba el hombre se prendió a sus alrededores con un feroz fuego, yo seguía como punto de intermedio entre esas dos fuentes de poder, mi inmovilidad desapareció y obligue a mis dormidas piernas a apartarse de ese confuso enfrentamiento.

- Tócala y date por muerto – habló una voz amenazadoramente. Estaba segura de haberla escuchado anteriormente…

La pelea entre aire y fuego se rompió en el instante que esa persona habló, mis instintos luchaban por hacerme reaccionar y correr a la seguridad de mi casa pero no podía hacer nada de esto.

Mi espalda choco con el árbol más cercano debido a que estaba retrocediendo cuando una sombra se acercaba a mí, no lograba definirla ya que mi vista se encontraba borrosa y la poca iluminación que había de donde la figura provenía, pero por sus contornos era un hombre, mire a mi alrededor y lo poco que logre divisar con la luz que salía de la habitación fue a Kyle detrás de la ventana con una mirada que no mostraba más que pura y dolorosa indiferencia. Luego todo se volvió negro…

Eso, es todo lo que recordaba hasta ahora.

Cuando desperté una luz mortecina se colaba por un ventanal cubierto a medias, me levante examinando el lugar, no era mi casa, de eso estaba segura. Era una habitación, las paredes estaban pintadas de un tono morado oscuro haciendo contraste con una blanca y otra de un color gris opaco. Había un escritorio con un computador, dos muebles negros ambientaban el centro de la recamara y la inmensa cama en la me hallaba sentada, una nota adornaba una de las mesitas de noche, estire mi mano para poder leerla.

“Bienvenida a tu nuevo hogar, no te preocupes por lo que paso a noche, vas a tener mucho tiempo para entenderlo. Ve a mi despacho cuando te levantes, esta al final del pasillo. Alex”

Deje la nota en la mesita y me levante, cargaba la misma ropa de anoche y mi cabello recogido en una simple coleta. Me dolía un poco la cabeza y estaba un poco adormilada, supuse que era porque apenas despertaba.

A paso torpe salí de la habitación, el pasillo era grande, pintado de tonos oscuros y cada dos metros habían puertas de ambos lados con un nombre grabado, de los laterales también descendían otros pasillos donde provenía la luz del sol y se podían visualizar unas áreas verdes, este lugar se perecía a un… internado… ¡Oh, Dios Mío! ¡Mis padres me han internado! - Fue lo único que se me vino a la mente pero para ese entonces ya estaba al frente de la puerta al final del pasillo…

Toque la puerta suavemente con mis manos temblorosas por lo que me podía esperar, todavía no superaba lo de anoche…

- Adelante –

Gire el pomo insegura y con temor, aun así entre a la estancia. Era cálida, pintada de un color azul oscuro con gris, había un fino escritorio en el centro con sillas de cuero, alrededor un par de bibliotecas pequeñas repletas de libros y cuadros a juego con el color de la pintura. Atrás del escritorio un hombre de unos treinta años me miraba fijamente, sus facciones eran finas y grandes ojos verdes, cabello castaño un poco largo y piel pálida. Su mirada demostraba curiosidad y era intensa. Un minuto en silencio y el comenzó a explicarme…

- Primero, no tienes que estar asustada, no voy a hacerte daño –Genial, noto mi estado- Segundo, todavía debes preguntarte que sucedió exactamente anoche en casa de tu amigo –El no es mi amigo, el es el amor de mi vida. Asentí y el continuó- Lo que sucedió, es lo que sucederá ahora y siempre desde que este con nosotros. Ellos son nuestros enemigos, creados para luchar contra nosotros, predicadores del bien y según ellos el bando ganador – Trague saliva ruidosamente y él se detuvo unos segundos.

- Somos polos opuestos Bridget, ellos intentan matarnos y viceversa. Peleamos por un territorio, el Mundo. Al nacer, somos seleccionados por nuestro creador, en este caso, yo te elegí a ti. Nos crían familias que están al tanto de lo que puede pasar, unas están con nosotros y otras están con ellos. Pasamos desapercibidos hasta la adolescencia, cuando nuestros poderes empiezan a reclamar por querer despertar y, ahí es cuando te unes al grupo. Estamos alrededor de todo el mundo, haciéndonos pasar como humanos al igual que ellos, pero somos especiales, una fuerza sobrenatural nos envuelve, y cada día nos preparamos para la ya inevitable lucha, al pasar el tiempo los enfrentamientos se vuelven constantes, ya son difíciles de soportar. A la menor señal podemos perder los estribos, porque los dos clanes buscamos una sola cosa: Poder. –

- Ajá… -no podía creer esto- y, ¿exactamente que soy? – pregunté y esperaba no desmayarme al escuchar la respuesta…

- Un demonio – lo dijo en un tono casual como si lo dijera todo el tiempo…

- Para –exclamé- No sé quién eres, ni que hiciste pero deja ya las bromas con todo eso de las batallas y disputas por territorios o como sea... –

- Deja lo ignorante – me regaño – Lo siento, es que, mi querida Bridget, tu perteneces a esto. No es una broma y con respecto a tus poderes, no se han desarrollado porque… digamos que tienes que activarlos –

- Ok – intentaba entender – Si soy lo que tú dices… “aquello” – no quería ni pronunciar el nombre – y tengo poderes, ¿Cómo los activo? –

- Fácil, solo tienes que matar a un Ángel y como por arte de magia se activan –

Eso no me lo esperaba, pero la curiosidad era muy fuerte…

- Ya tenemos a un ángel para ti – comento él – Estaba enterado que ayer en tu casa escuchabas la conversación que mantenía con tu padre en el recibidor, estabas al final de la escalera. Por eso te vigile toda la noche hasta que saliste de tu habitación y si no hubiera estado ahí cuando estuviste en esa casa probablemente ya estarías muerta –

- ¿Qué pasaría si me rehúso a matar a alguien? – pregunte con Cautela haciendo caso omiso a lo demás, me hubiera pasado todo pero Kyle nunca me haría daño, aunque ahora dudara por su mirada fría e indiferente que aun recordaba…

- No mataras a alguien pequeña, mataras a un Ángel, y se te hará muy fácil hacerlo, a este ya lo conoces…

- ¡¿Qué?! ¡¿Quién?! – Dije casi en un grito ahogado.

- Kyle – respondió “Alex” con una sonrisa maliciosa.

***

Sabes que te amo, sabes que siempre lo haré… Se repetían una y otra vez sus palabras. Lo tenían en alguna parte de este lugar, y según mi creador ya ha llegado el día. Me queme las pestañas buscándolo, escapándome por las noches y con sigilo merodear por todos los pasillos y lugares que estaban escondidos, pero no encontré nada. Absolutamente NADA. Toda la noche, desde que había llegado de lo que sería mi último intento de búsqueda, paso entre llantos y lamentos, aparte de maldiciones.

Maldito sea el día en que decidieron que el ángel al que tenía que matar para poder activar mis poderes fuera ese. Y no, no lo iba a matar. Si el moría, yo también lo haría, si el llegara a sucumbir yo sería nadie, y es que, ¿Qué sentido tiene seguir viviendo si él no lo está? Y mucho menos fuera yo la que acabara con su vida. Malditos. Malditos ambos bandos. Se pelean por algo que ni siquiera es suyo, no pueden dejarlo solo al destino, esto ya no es cuestión de quien tenga la razón o que sea mejor para los humanos, esto se volvió cuestión de fortalecer su rivalidad y las ansias de poder.

- Bridget – la voz de Chris inundó la habitación- Es hora, te esperan –

Una solitaria lágrima descendió por mi mejilla, con un suspiro me levante desde mi puesto a la orilla de la ventana.

Camine por el inmenso corredor hasta la última puerta de la cual se escuchaban unos gritos desgarradores y empecé a temer por lo que me encontraría dentro. No quería averiguar lo que estaba pasando pero ya tenía a Chris a mis espaldas, el no dejaría que me regresara.

Entre silenciosamente en la estancia y el dolor inundo la habitación. Mis ojos desorbitados por el evento que se reproducía en mis narices.

- ¡Basta Alex! – Grite - ¿Qué crees que haces? ¡Suéltalo! ¡Lo vas a matar! – Chille, él me miro y sonrió sádicamente.

- Es tuyo – Abalanzo el cuerpo que sostenía sobre mí, este cayó sobre mis brazos dejándome ver su cara.

Un grito desgarrador se filtro por mi garganta, resonó en todo el lugar.

- ¿Kyle? – susurre luego con las lágrimas guindando de mis ojos. Su cara estaba magullada y de su cabeza salía sangre a borbotones, pero se podía sentir el débil palpitar de su corazón.

Mi corazón se partió en tan solo segundos, un nudo en mi garganta ahogaba mi voz, sentía la mirada de Chris y Alex sobre mis espaldas.

Ya arrodillada con su cuerpo inconsciente entre mis brazos mi respiración se hacía lenta, mis propias lágrimas rodaban por su cara.

- Yo no voy a matarlo – dije con voz seca volteándome a verlos. Chris hizo una mueca, Alex sonrió.

Sostuve su cara, deseando ver aquellos ojos miel que brillaban intensamente cada vez que me veía, quise sentir la calidez de uno de sus abrazos, extrañe un “te amo” en ese momento.

A milímetros de sus labios, pose los míos suavemente sobre los de él.

Sus ojos se abrieron lentamente y sonrió entre nuestros labios, me devolvió el beso lo más que pudo…

En ese momento sentía como se escapaba su vida ante mis propios ojos, de un instante a otro lo sentí más pesado, y justo después, una corriente recorriendo cada parte de mi cuerpo con poder…

- Acabas de hacerlo…

Dijo Alex sonriendo triunfalmente, y yo sentía el dolor me quemaba viva en el fuego más desgarrador…

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Holaa!!! Aquí les dejo mi aportación para este proyecto en el Club de las Escritoras que esta organizando mi querida Dulce... Espero que les guste ;)




4 comentarios:

Dulce Cautiva dijo...

¡Oh nena!, es precioso!, triste, emotivo... pero hermoso!!!, ahorita mismo lo pongo junto con los otros, jeejje. Ahora toca esperar k las demás se animen y hagan también el suyo, ejejje.

Saludos y besos, muak!!!

María León dijo...

:O es hermoso, casi lloro (y es que soy muy llorona) creo que de todos este ha sido mi favorito.

Noelia dijo...

Wow! de verdad me fascinó tu historia!!! enserio, es... nose como explicarlo... simplemente IMPRESIONANTE.

Autora dijo...

Me encanta!!
Escribes genial!
Besos