Seguidores

martes, 13 de septiembre de 2011

Relato ~El Amor Piensa en Voz Alta~

Este es algo que escribí para un concurso hace bastante tiempo y ahora quiero compartirlo con ustedes... Espero que les guste, ¡No se olviden de comentar! ;D

Besos! Que lo disfruten!

-----------------

El Amor Piensa en Voz Alta

Los truenos se hacían escuchar, los relámpagos adornaban el cielo gris, la brisa mecía las cortinas de las ventanas hasta el punto de levantarlas completamente, el frío se colaba por las rendijas de la puerta mientras que los vidrios de estas se empañaban. El repicar de las gotas sobre el suelo la sacaban de concentración, su piel se erizaba del solo hecho de ver la lluvia caer fuertemente y del saber que la tormenta eléctrica la tendría acorralada en esa pequeña cabaña por horas. El sonido de unos nudillos sobre la puerta principal repico. Ella se asusto.

Con paso lento se acerco hasta ella, ¿Quién podría ser? Cabía mencionar que su pequeño lugar de refugio estaba muy retirado y con este tiempo dudaba las ganas de; una visita a tu vecino más cercano.

Miro por la lentilla. Su corazón palpito más rápido que el aleteo de un colibrí. ¿Qué demonios hacía el aquí? – Pensó.

Sin dudas ni preocupaciones abrió la puerta de un tirón; Su visitante estaba empapado de pies a cabeza y se sentía su ligero temblor.

- ¿Pero qué… - preguntó confusa.

- No podía permitir que te fueras enojada, ¡¡Debiste escucharme!! – Le replico él en respuesta, interrumpiéndola – Ahora… ¿Me dejas pasar? No quiero quedarme tieso - Se quejó mientras su labio inferior temblaba casi notablemente.

Automáticamente se aparto y le dio espacio.

Sacudiendo los zapatos mojados en la alfombra el joven se adentró en la casa, ya no sabía cómo se sentía; Si enojado o cansado de esa misma mierda todo el tiempo.

- Te conseguiré algo de ropa seca – repuso la muchacha sin dejarle tiempo a hablar. Con un suspiro salió de la pequeña sala de su cabaña.

La lluvia no parecía dar tregua, ni la lluvia, ni los truenos, ni el frío, ni su acelerado corazón. Ángela se había quedado sin palabras, podía imaginarse la grande que se le vendría encima cuando regresara a la sala con aquel hombre, con su mejor amigo, con el amor de su vida no correspondido.

Marcos maldecía el extenso tramo entra la carretera donde dejo su carro frente a la casa y la puerta principal, ahora estaba mojado y probablemente pescaría un resfriado de muerte que no le dejaría ir a trabajar. Pero eso era mentira, por lo menos una parte, en sí no quería maldecir lo que le acaba de suceder, él quería maldecir desde el primer momento en que se enteró que lo que sentía por su mejor amiga era más profundo que una simple amistad hasta ahora, que como el amigo que era llegaba a consolarla de un amor perdido, un amor que no era el de él, un amor de otro hombre.

Los pasos de Ángela resonaron en la estancia, en sus brazos traía un par de toallas y algo de ropa. En el rostro de la chica una sonrisa culpable se dibujaba.

- Siento que te hayas mojado – dijo con poca voz.

- Tu cara de corderito arrepentido no te salvara de nuestra extensa charla – Le recordó Marcos tomando las toallas de sus manos extendidas.

- Te juro que no quise dejarte solo, pero no podía seguir más ahí – Ángela tenía bien claro que se merecía toda la reprimenda de Marcos, pero ella no soportaba el ver como él iba de la mano con otra, tampoco soportaba de que casi todas sus citas se quisieran aprovechar de ella por ser bonita, joven, con dinero y soltera. Para ella su hombre perfecto era el que poseía las mismas características que su amigo, ella ya había intentado mil y un veces alejar ese absurdo enamoramiento de adolescencia, intentó salir con otros chicos, intentó crear una relación estable, intentó olvidarse de algo que nunca en su vida olvidaría, intentó llevarle la contraria al amor, intento no salir lastimada, intento TODO y no obtuvo NADA.

- Podrías siquiera la próxima vez llamarme. ¿Sabes lo preocupado que estaba? Luego te busco y me sales con tremenda mierda. ¡Ni sé porque te enojaste conmigo! ¡No era mi culpa que el desgraciado ese te haya engañado! - Escupió, ahora Marcos supo que estaba más enojado que cansado. No quería herirle, de lo contrario fue ella quien lo hirió cuando él se dispuso a hablar esa noche, pero las ganas de partirle la cara al tipejo ese era casi incontrolable.

Ángela se estremeció bajo el recuerdo de la noche pasada y sintió como un peso enorme se colocaba sobre sus hombros, ella estaba tan dolida que se enojo y le grito feamente a Marcos cuando él fue a buscarla, para él no tenía sentido que se molestara pero para la joven si lo tenía, ella se molestaba porque si él hubiera estado con ella, eso no le hubiera pasado, porque si él se hubiera dado cuenta todo el amor que emana ella, eso no le hubiera pasado, porque si él fuera algo más que su puto amigo, si fuera su novio, a ella nunca la hubieran lastimado de todas las maneras habidas y por haber.

- Si, como sea – respondió distante, haciendo que Marcos se quedara perplejo por su respuesta indiferente.

- ¿Cómo sea? Llegue hasta aquí casi manejando por inercia para hablar contigo y lo que me dirás es un: Como sea…

Ahora ella se enojo. ¿Por qué le reclamaba? No estaba en ningún derecho de hacerlo, ella solo era su amiga para él. Más nada. Por más que lo deseara eran solo eso. No podía venir a reclamarle, ya estaba bien grandecita para eso.

- ¿Qué quieres que te diga?

- ¿Quisieras al menos contarme? Estoy aquí para escucharte.

- Me parece que querías más regañarme – contraatacó Ángela.

- Touche. Pero no podía callármelo, en serio… Estaba preocupado.

Suspiraron al mismo tiempo, ya estaban calmados como para sonreírse mutuamente. Siempre era así, sus “discusiones” duraban como máximo un minuto.

- ¿Por qué no me buscaste? – Le pregunto el amablemente cuando se arrecostaba en el sofá negro de cuero atrayéndola a ella hacía el.

- No quería arruinar tu noche, se supone que celebrábamos tu ascenso. Además andaba algo obstinada.

- Yo no quería celebrar nada – aclaró – Y me hubieras avisado a tiempo para sacarle unos cuantos dientes al hijo de…

- A tú amigo – Le recordó Ángela.

- Creo que ya no entra en esa categoría – le respondió con sorna.

- Si claro…

- No sé cómo pueden jugar contigo, yo nunca lo haría – Pensó Marcos.

- ¿Disculpa? – Ángela perpleja no creía lo que sus oídos oían.

- ¿Ah? – Hablo el desconcertado retirándose un poco de ella para poder verle el rostro.

- ¿Qué acabas de decir? – Presiono.

Ahí calló. Ohh por todos los cielos, había pensado en voz alta – Se reprendió Marcos.

1 comentario:

Cherry dijo...

Ya le había echado un vistazo pero siempre es bueno recordar... :D Me encanta, y me pregunto si alguna vez podré decir lo contrario de uno de tus textos... Supongo que no.

;)